LA FALSIFICACIÓN DEL EURO
 
 
                                                                                                                                                         Extracto efectuado por M. Puente, UAB      
 
 
Extracto de la conferencia  “LA FALSIFICACIÓN DEL EURO.-Hacia una federalización de la justicia penal en la Unión Europea”, pronunciada por el Dr. VERVAELE, J. A. E, el  25 de octubre de 2001 a las 19 h. en <<Casa Convalescència>>, Barcelona, y organizada por la EPSI-UAB
 
La próxima entrada en vigor de la nueva moneda europea, el euro,  está comportando ya  una serie de delitos detectados por Europol, tales como falsificaciones, timos a ancianos, asaltos a transportes de dinero, y hasta casos de estafas más sofisticadas,  a través de  tarjetas de crédito y sus códigos secretos, o  robo de hologramas , etc. Pero los delitos de este tipo son  muy  antiguos, ya en el Imperio Romano,  la falsificación de monedas era considerado un delito grave contra la soberanía del emperador que se castigaba con la pena de muerte, sanción similar a la impuesta por China sobre la falsificación de billetes, un invento de ese país durante el siglo XIII.
 
La creación de una moneda única no es un proyecto nuevo,  sino que a lo largo de la historia contemporánea, diversos países han realizado intentos que han prosperado, entre otros, son casos asociados  a la unificación política de naciones disgregadas, como p.e. Italia y  Alemania  (ésta inició  primero una unificación económica  -aduanas y moneda-).  El mismo billete de dólar fue introducido durante la Guerra de Secesión, es decir, 70 años después de la formación de los EEUU como nación independiente, con anterioridad se utilizaban papeles emitidos por instituciones económicas (bancarias), llegando a existir en el mercado más de 7000 tipos diferentes de papeles. Las necesidades de la guerra, y más concretamente su financiación, impuso la creación de una moneda única y propia de la nación; se arbitró una competencia federal para emitirla, estudiar y reprimir las posibles falsificaciones, creándose una agencia federal especial denominada Secret Service para luchar contra el delito de la falsificación.
 
En Europa durante los años 1910-20 se produjeron grandes escándalos sobre falsificación de moneda, en concreto sobre francos franceses, realizados en Hungría cuando esta nación formaba parte del Imperio austro-húngaro y, que tuvo graves implicaciones no sólo económicas y fiscales sino políticas y diplomáticas (enfrentamiento entre Francia y el Imperio). A raíz de ello se planteó la necesidad de crear un tribunal penal internacional para luchar contra la falsificación, que no obtuvo apoyo, pero sí se alcanzó a firmar un convenio internacional, conocido como el Convenio de Ginebra, y que pese a su antigüedad ( años 20), se haya todavía en vigor.
Se trata más de un derecho penal sustancial, es decir, definitorio de los tipos, comportamientos, que un derecho penal procesal, de sanción. El derecho penal internacional, obliga a la extradición si se produce un delito financiero con implicaciones tributarias. Cada país debe tener una unidad central específica cuya naturaleza jurídica cambia según los países (administrativo, judicial, banco central...), y que debe analizar y comunicar información técnica sobre la falsificación (materiales, métodos...) e información operacional (autores, lugares...).
 
Pero la circulación de la moneda de un país no se limita exclusivamente a su territorio nacional, p.e. el marco alemán es la moneda europea que más circula fuera de sus fronteras,  aproximadamente un 40%; aunque es el dólar con un 70 %,  la moneda de mayor distribución exterior, especialmente en la zonas de América Latina, toda la antigua Unión Soviética (no solo Rusia) y Medio Oriente; siendo sus zonas de producción: Buenos Aires, Frankfurt, Milán, Canadá, Zurich, Singapur, Hong Kong.
 
Esta amplia distribución es un ingreso fiscal muy apetecible por EEUU, aunque signifique un aumento del riesgo de la falsificación. Es por ello, que el Secret Service, tiene agencias repartidas en varias ciudades: Roma, Bogotá, Berlín, Manila, Milán, Moscú, Montreal, Otawa, París, Vancouver....  Las cifras de 1998, sobre billetes falsificados de 100 dólares,  indican la existencia en circulación de aprox. 43 millones de billetes falsos, a los que se debe sumar los billetes embargados en los centros de producción. Y la ciudad que ocupa el primer puesto en el ranking de productores de billetes falsificados es Milán, seguida de Colombia en América Latina. La importancia de Milán es indicativo de que la fabricación de moneda falsa requiere una tecnología sofisticada, que no se localiza en otras ciudades italianas como p. e. Nápoles o Sicilia, donde se localiza una criminalidad más clásica (mafia).
 
En los años 70 en Europa se inician los primeros esfuerzos de creación de  una moneda única europea, así como un Banco Central Europeo encargado de esta misión, que determine  las medidas de seguridad de la moneda, controle la fabricación y su distribución, para evitar en lo posible su falsificación.   Este proyecto se desarrolla en tres fases:
 
 I.- Coordinación política.
 
 II.- Especificaciones de la moneda (producción):
 
Actualmente nos encontramos en esta fase, y respecto a lo anteriormente expuesto, las mayores dificultades aparecen con el número tan amplio de monedas dispares y sin embargo de curso legal, aceptadas. Son 96 monedas diferentes, porque aunque cada moneda dispone de una cara común, la otra es distinta, propia de cada país. A éstas se deben sumar las pertenecientes a otros estados que también se han unido a este proyecto: El Vaticano, Mónaco y San Marino, con lo que ascienden en total a 120 monedas varias de curso legal.
Otra dificultad añadida es el control de la producción de la nueva moneda, se acordó que el Banco Central Europeo fabricara billetes, mientras las monedas podían ser acuñadas en los Bancos Centrales Nacionales de cada país, con el permiso del Banco Central Europeo.
 
 
III.- Circulación de la moneda:
 
El programa de introducción del euro en el mercado y su circulación se ha diseñado en tres etapas:
 
1).- No circulación hasta el 1 de Enero de 2002:
 
Es la etapa presente, donde se está llevando a cabo la gran producción de monedas y billetes del euro para abastecer el mercado. Y cada estado tiene competencia en materia de seguridad sobre la moneda que está almacenada a la espera de su pronta circulación, algunos la protegen en destacamentos militares, otros en organismos económicos –bancos nacionales- otros en instituciones judiciales...
 
2).- Doble moneda hasta el Abril de 2002:
 
La entrada de una nueva moneda conlleva un aumento del riesgo, como p. e. robos en los centros de producción, de depósito, a las entidades financieras,  asaltos a transportes de seguridad con moneda, a cajeros de bancos, falsificación de hologramas, papel..., aumento del blanqueo de capital de origen criminal, estafas al público, mayor movimiento bancario, aumento de las transferencias por el inevitable cambio de moneda. La existencia de la doble moneda (euro y moneda nacional) complicará aún más los controles de seguridad.
 
3).- A partir de abril de 2002:
 
 Sólo estará en vigor el euro,  pero serán canjeables las monedas nacionales hasta el año  2003, con lo que aumentará igualmente el riesgo de falsificación sobre las antiguas monedas nacionales con vistas a sus canje por euros.
Asimismo, el hecho de que se haya dotado al euro de una  denominación alta, con billetes de 500 euros,  facilita su uso en asuntos ilícitos ,  p. e. tráfico en efectivo.
 
Para controlar  la posible criminalidad en torno al euro (uso,  falsificación...) existe un organismo antifraude, denominado Europol. Ésta no es una policía operacional , sino que se ocupa de Inteligencia, es decir, de análisis de datos que deberían ser suministrados por las policías nacionales.
 
El Banco Central Europeo advirtió que a pesar de que la mayor parte de los miembros pertenecientes a la Unión Europea, salvo Suecia y Luxemburgo (no dispone de moneda propia), han suscrito el Convenio de Ginebra, era necesario que Europol, creara una unidad centralizada con capacidad operacional y ejecutiva, además de técnica;  ubicándose el centro de análisis de moneda  en París, y, el de billetes  en  la ciudad de Frankfurt;  teniendo la obligación cada país de comunicar e informar a esta entidad supranacional, sobre aspectos técnicos, judiciales y policiales.
 
Lamentablemente se ha observado las deficiencias en el flujo  de la información a nivel transnacional, no existe una buena cooperación policial y judicial en esta materia entre los diferentes integrantes de la Unión Europea, agravándose la situación aún más fuera de las fronteras de la Unión, donde no existe ningún organismo de control, en la línea del Secret Service norteamericano que dispone de oficinas en la mayoría  de ciudades importantes del mundo. Se impone pues la necesidad de crear un organismo de cooperación judicial, que bien podría denominarse, Eurojust,  como una fiscalía europea, que tenga competencias contra este tipo de delitos igualmente fuera de la zona euro.
 
Abundando en lo anterior el Prof. José Pinedo Crespo, añadiría que los delitos de falsificación pueden cumplir también finalidades políticas, como p. e. el famoso caso de los dólares iraníes, en una época de  máxima  tensión política entre el gobierno norteamericano y la República de Irán, bajo el gobierno del Ayatola Jomeini. Igualmente sirven para financiar actos de terrorismo, no sólo la falsificación de moneda sino la falsificación de patentes y marcas. Tal como ocurrió con el atentado del año 1993 en las Torres del World Center de Nueva York, (antes del salvaje atentado del 11 de Septiembre de 2001),  perpetrado mediante los ingresos obtenidos de la falsificación de ropa de marcas; o el caso del grupo terrorista irlandés, el IRA, a través de la falsificación de la imagen de un dibujo animado,  en concreto, del Rey León.

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