La Universidad Autónoma
de Barcelona lleva años luchando para formar a profesionales que empleen la
Grafología de forma rigurosa y científica, como una herramienta al servicio de
la sociedad, actuando en asuntos de enjundia, donde en ocasiones está en juego
la vida y la hacienda de un ser humano.
En medicina, el
neurólogo especialista en patologías del lenguaje (disgrafias
adquiridas), se auxilia de la grafología como método de detección precoz y
seguimiento de enfermedades neurológicas, tales como el mal de Alzheimer cuyos
síntomas iniciales aparecen primero en la escritura.
De la misma manera que
en educación, el logopeda, pedagogo, psicopedagogo,
y el profesor, trabajan grafológicamente para lograr un correcto
desarrollo grafomotriz en el niño, y supervisar su evolución
psicografoescritural hasta la adolescencia.
En el ámbito de la
empresa, el jefe de recursos humanos, el graduado en relaciones
laborales y el psicólogo organizacional, confían en la grafología
para la selección de sus candidatos, ya sea un Director General de una
multinacional, o bien un dependiente en un negocio familiar.
Si pasamos al mundo de
la criminalística, el uso de la grafología se está implantando a un
ritmo vertiginoso, algo por otra parte, nada nuevo para el médico, y el
antropólogo forense que desde hace tiempo analizan grafológicamente las
notas de los suicidas para asegurarse si fue realmente un suicido o un
homicidio, y en otros casos, le permite verificar la identidad de un cadáver.
Abundando en el terreno
judicial, la conjunción de profesionales que implementan la grafología
a su quehacer diario abunda entre los asistentes sociales,
mediadores familiares (abogados), psicólogos y psiquiatras,
miembros de asociaciones de mujeres maltratadas que aconsejan a éstas que se
hagan con unas notas manuscritas del presunto maltratador para emitir un
dictamen grafológico –inclusive desde la propia policía científica- que
presentado ante el juez, posibilita una orden de alejamiento a la espera de
iniciar el largo proceso burocrático de exploración psicopatológica sobre
éste. Son los mismos profesionales que presentan como prueba en casos de
abusos a menores, informes obtenidos a partir de los dibujos y las anotaciones
manuscritas explicativas sobre los mismos, efectuados por los propios niños.
Y que en algunas ocasiones, junto con el detective privado, y el
criminólogo estudian las notas manuscritas de un menor fugado ante unos
padres angustiados para averiguar su estado psicofísico y localizar su posible
paradero; éstos últimos, como los criminalistas de la policía
científica, en sus dictámenes caligráficos, exoneran a un inocente, o por el
contrario, identifican a un culpable en delitos de homicidios, estafas,
falsificaciones, anonimografía, etc..., empleando el método grafonómico. A
saber, una pericia caligráfica de base grafológica.
Es en esta línea de
trabajo, que los grafólogos universitarios deben mantenerse, con un espíritu
de cooperación multidisciplinar, y alejados de banalidades espúreas.
Profundizar y avanzar en el conocimiento, ser consciente de los propios
límites de la especialidad, y evitar ser complaciente con los poderes
fácticos, y con aquellos que especializados en el mundo del colorín, te hacen
un estudio grafológico, como si del horóscopo del día se tratara, sobre
cualquier famoso del momento.