“KHÔRA”,
EL SIMBOLISMO ESPACIAL DE PLATÓN:
(revalidación de los Temperamentos y Tipologías Caracterológicas en la
escritura manuscrita)
Francisco Viñals Carrera
y Mª Luz Puente Balsells
Directores del Master
en Grafística, Grafopatología
y Grafología Forense, UAB
Khóra nos ayuda a captar los elementos
psicofísicos en su propia manifestación reflejada en el simbolismo espacial, lo cual supone una clave
decisiva a integrar en la valoración grafonómica
de las expresiones grafoescriturales
para la comprensión de las fuerzas psicosomáticas y volitivo-morales, en la
elaboración del retrato de la personalidad.
Antes de que Max Pulver nos descubriera a los
grafólogos el simbolismo espacial con todas las elogiables aportaciones psicoanalíticas,
especialmente de matiz jungniano, es conveniente
conocer el esquema espacial de Platón, descrito en Timeo con notables coincidencias
con Pitágoras.
Para Platón, el espacio
–Khôra- se visualiza en el cruce entre la historia
cronológica de nuestro mundo y nuestras historias personales. Se produce en la coincidencia entre
el devenir del mundo con nuestros pequeños tiempos. Por lo tanto, nuestro
espacio está en confluencia de estos dos aspectos y otros más. El medio es la
fijación del tiempo. El espacio se configura a través de la cristalización
puntual y sujeta a cambios de acontecimientos históricos. Desde este punto de
vista, el medio sería con relación al espacio una fijación de devenires.
La estructura "Khóra" es una cruz,
que en lenguaje de la escuela grafológica italiana podríamos definir como: eje
vertical (camino de la voluntad) y eje horizontal (camino de la inteligencia).
"Khóra" es la intersección de la fuerza
volitiva y de la fuerza intelectual, es el movimiento en el espacio y el tiempo
propios, que caracterizan la propia esencia de la personalidad (temperamento,
carácter e inteligencia).
Al observar el eje vertical, descubrimos la situación que expone
Platón respecto al "Ser" en contraposición al "Estar". En
nuestra cultura, precisamente derivada de su influencia, queda clara la
diferencia entre el "ser" y el "estar". Ello lo apreciamos
por la lengua, pero hay que tener en cuenta que en otras lenguas no se
diferencian ambos términos, lo cual repercute en su cultura y en la concepción
de las cuestiones. También podría repercutir en el estudio de la grafía, la
importancia del simbolismo vertical, la verticalización
de los trazos, que es el máximo exponente de la coordenada espacio y, en psicofisica, al autoconcepto de
la propia dignidad, del poder y el mando, la autoafirmación y en AT la posición del Padre, la seguridad de una actitud vital
de "Yo estoy bien, tu estás mal". El "ser" se implica
directamente en el mundo de las ideas; por ello se le relaciona con el espacio
abstracto, alguien "se siente" en un determinado status, puede ser
imaginario o no. Por otra parte, si alguien "está" en determinada
situación aquí son los condicionantes los que definen al sujeto; por ello se
habla de espacio en concreto, se vive la experiencia, se sitúa en tal condición
por lo pragmático, se materializa, sólo queda la realidad física al desnudo,
sin atributos imaginarios o ideales. Esta diferenciación en nuestra cultura
ayuda precisamente a desarrollar el concepto de abstracto e idealización (zona
superior) respecto de !o concreto y de lo que más se aproxima al cuerpo o a los
propios instintos (zona inferior).
Respecto al eje horizontal, que en psicofísica podríamos relacionar
con la coordenada tiempo, y que en AT (Análisis Transaccional)
identificamos con el trabajo de la inteligencia, propiamente como se mueve el
"Adulto" y también el "Pequeño Profesor", vemos que ya
Platón lo distribuía: dextrógiramente como logos y sinistrógiramente como mito.
Hay que tener en cuenta que en nuestra cultura se tiende más al logos que al mito; nuestra tendencia es considerar
que el pensamiento correcto es el logos y vamos inhibiendo o anulando el mito, y, por ello, también consideramos que las culturas primitivas
son inferiores. Así, por este pensamiento tan racionalizado con la búsqueda
constante de la lógica y la deducción nos autolegitimamos
superiores a ellos. Pero, ¡cuidado!, a pesar del abuso que hemos hecho del
método deductivo, especialmente con el frío empirismo, nosotros mismos todavía
nos refugiamos en el mito (la propia metafísica está entre la abstracción y lo
sobrenatural). Pero en general en nuestra cultura se confunde a veces el
conocimiento con la taxonomía (clasificación), ponemos cada cosa dentro de un
casillero y, en ocasiones, se abusa de la sistematización y se desvalorizan las
formas. Así como el logos
se identificaría más con los procesos mentales propios del "Adulto" (AT) y la función consciente "Pensar" de Jung, el mito se
relacionaría mejor con las funciones inconscientes "Intuir" y
"Percibir" de Jung, también implicadas con
el "Pequeño Profesor" del A T (el saber sin saber por qué).
Nuestra escritura va de izquierda a derecha; en otras culturas no
es así. A nosotros nos preocupa mucho la búsqueda y consideración de lo
razonable, la valoración por el razonamiento, si no existen unas pautas el
pensamiento no es válido, pero luego nos quedamos sorprendidos de ciertas
aptitudes que tienen otros pueblos, a veces indígenas, su filosofía de vida, la
contradicción que observamos con nuestra falta de sentido común, el mundo
imaginario de perfección terrenal en el que vivimos que normalmente está
excesivamente idealizado en el propio materialismo y choca con el vínculo del
ser humano con el resto de la creación, la fuerza de lo espiritual, la unión
con el origen y fuente de la vida.
Khóra también es el propio centro, es la suma de
procesos que tienen lugar en ella. Por lo tanto, también se correspondería con
la zona del propio Yo y de lo afectivo por el autosentimiento
del propio espacio.
(Los cuadros explicativos y de comparación en el “simbolismo del
espacio” pueden consultarse en: Viñals, Francisco y
Puente, Mª Luz, Psicodiagnóstico por la Escritura, Grafoanálisis
Transaccional, Ed. Herder, Barcelona 1999)
No es fácil definir “Khôra”, pero viene a
ser algo así como “el espacio en general”, que no tiene porque ser el espacio
ocupado por algo en concreto. Para Platón, según Ross
(1986), la espacialidad o extensión es inseparable de
todos los objetos de sensación y algo necesario para su ser. Tal como comenta
este gran autor, que se distingue en mucho de otros estudiosos de Platón como
podrían ser Crombie o Gómez Robledo (los cuales no
llegan a comprenderlo en profundidad), debe diferenciarse claramente de las
interpretaciones aristotélicas sobre la materia (o lugar que contiene algo).
Por supuesto, en este sentido del espacio, la visión aristotélica es mucho más
limitada que la de Platón y ha provocado muchas confusiones a lo largo de la
historia.
Para poder comprender un poco el simbolismo del espacio vislumbrado en
Timeo, autores como Derrida
(1993) han tenido que entrelazar de forma muy inteligente las premisas y
postulados que, a veces, quedan sólo en entredicho o se dan ya por conocidos en
los Diálogos del Maestro, por ejemplo, la forma de situar mito y Iogos
o “ser” y “estar”. Se descubre por las constantes referencias bipolares de
opuestos, la insinuación invertida y simétrica, vinculada, al propio tiempo, a
otras descripciones.
Gran parte del esquema simbólico está también relacionado con la
descripción de la creación del universo, el mundo y el alma, ésta última con
sus círculos en forma de X, uno que rueda sobre lo semejante y otro sobre lo
distinto. Hay frases clave como "(...) la nodriza del devenir mientras se
humedece y quema y admite las formas de tierra y aire (...)"; ello supone
no sólo la trayectoria del círculo, sino las zonas donde están básicamente
situados cada uno de los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra
(sanguíneo, nervioso, linfático y bilioso), con una correlación grafopsicológica que proponemos por ser una síntesis de
cada uno de ellos: expansión, variación, plasticidad y resistencia.
Allport (1963) recuperando a Wundt propone el estudio de la conducta expresiva como uno de
los enfoques más prometedores para el estudio de la personalidad individual,
donde se tiene en cuenta el temperamento dentro de la naturaleza involuntaria
de la expresión en contraposición a la conducta adaptativa
de tipo consciente.
La correlación muscular
con la expresión grafoescritural del temperamento y
del carácter está perfectamente validada por múltiples pruebas y cuestionarios,
entre las que podemos destacar el PMK o Test Miokinético del eminente
grafólogo Dr. Emilio Mira y López (1951), asignatura obligada en diversas
universidades y especialmente en la Diplomatura de
Postgrado de Peritaje Grafopsicológico de la UAB, Viñals F. y Puente, MªL (2006).
La intervención de grupos
de músculos agonistas o antagonistas en cada factor
(por ejemplo: en el Tono vital, en la Reacción vivencial,
o en la Agresividad), no solo ratifica la condicionante de la expresión gráfica
sino que la vincula a la Khòra o simbolismo espacial básico de Platón por la
identificación gestual del elemento “Fuego”
con la expansión hacia adelante (altura y avanzando), en contraposición al
elemento “Agua” que se repliega, se
queda abajo, se adapta plásticamente al recipiente o cae cuando no hay soporte.
Asimismo el elemento “Tierra” con la
manifestación de la tensión-resistencia que se ejercita por flexión en los
movimiento descendentes que verticalizan los trazos
en su avance horizontal cuya persistencia se contrapone a la ligereza,
desconexión o desigualdad cambiante del elemento “Aire” o gestos influidos por los músculos antagonistas que
suspenden o aligeran la carga de la tensión-presión de arriba-abajo, alterando
dicha constante por la fuerza que eleva el trazo hacia sí y no hacia los demás
cuando debería presionar en su descenso.
Cabe
recordar que estos conceptos están constantemente reinterpretados desde las
nuevas ópticas de la personalidad, pero siempre presentes en la renovada
ciencia de la psiquiatría y psicología por ser indiscutible la importancia del
temperamento (estructuras genéticas o heredadas) Millon
(1998), también expuestas por el TCI-R como: –HA-,
-RD-, -PS- y –NS-- (Cloninger, Sven) y su diferenciación o puntos de interrelación con el carácter
(resultados de la conjunción del temperamento con la influencia externa y
ejercicio de la propia voluntad para la autodirección,
cooperación, autotrascendencia).
Las tipologías
temperamentales y caracterológicas suponen pues una riqueza extraordinaria para
verificar y complementar el estudio de la escritura manuscrita; es algo que los
científicos de la grafología dejaron bien claro, como el Dr. Emilio Mira y
López y luego el Dr. Jean Charles Gille (1978, 1990,
1991), cuya bibliografía es obligada en los estudios del Master en Grafística, Grafopatología y Grafología Forense de la Universidad
Autónoma de Barcelona.
Ningún grafólogo de cierto nivel en nuestros días deja de tener en
cuenta la aportación del temperamento en sus estudios (ya sea con las
modalidades de Moretti, de Vels
u otras corrientes) y el carácter (por ejemplo con nuestro sistema de Grafoanálisis Transaccional de Viñals
& Puente con base al AT de Eric Berne).
Por lo tanto, vemos que la descripción que nos hace Platón en el khóra no se contradice en absoluto con los posteriores
descubrimientos de raíz psicoanalítica (cabe también recordar que el
psicoanálisis no es tan nuevo, pues sin conocer a Freud,
ya lo practicaban determinadas tribus de indios cercanas a Washington).
De alguna manera khôra supone una revalidación del simbolismo del espacio
que aplicamos en la psicología de la escritura o Grafoanálisis
por medio de la psicofísica y mucho más
importante, por mediación de khóra encontramos
también la revalidación de la física (fuerzas temperamentales no solo
descubiertas en Grecia, sino también en Japón sin conocer a Hipócrates: “Taiheki” y actualmente vigentes en medicina) y la mente
(carácter y personalidad profunda por mediación del Análisis Transaccional).
Selección de
párrafos de Timeo. Clave para la interpretación del
Simbolismo del Espacio:
33:
“(...)
La composición del mundo incluyó la totalidad de cada uno de los cuatro
elementos (fuego, agua, aire y tierra) (...)”.
“(...) que el conjunto fuera lo más posible un ser vivo (...)”.
“(...)
La figura apropiada para el ser vivo que ha de tener en sí a todos los seres
vivos debería ser la que incluye todas las figuras. Por tanto, lo construyó
esférico, con la misma distancia del centro a los extremos en todas partes,
circular, la más perfecta y semejante a sí misma de todas las figuras, porque
consideró mucho más bello lo semejante que lo disímil (...)”.
35:
“(...)
por el contrario, el Demiurgo hizo el alma primera en origen y en virtud y más antigua
que el cuerpo. La creó dueña y gobernante del gobernado a partir de los
siguientes elementos y como se expone a continuación. En medio del ser
indivisible, eterno e inmutable y del divisible que deviene en los cuerpos,
mezcló una tercera clase de ser, hecha de las otras dos. En lo que concierne a las naturalezas de lo
mismo y de lo otro, también compuso de la misma manera una tercera clase de
naturaleza entre lo indivisible y lo divisible en los cuerpos de una y otra. A
continuación, tomó los tres elementos resultantes y los mezcló a todos en una
forma: para ajustar la naturaleza de lo otro, difícil de mezclar, a la de lo
mismo, utilizó la violencia y las mezcló con el ser. Después de unir los tres
componentes, dividió el conjunto resultante en tantas partes como era
conveniente, cada una mezclada de lo mismo y de lo otro del ser (...)”.
36:
“(...) A continuación, partió a lo largo todo el compuesto y unió las
dos mitades resultantes por el centro, formando
una X. Después, dobló a cada mitad en círculo, hasta unir sus respectivos
extremos en la cara opuesta al punto de unión de ambas partes entre sí y les
imprimió un movimiento de rotación uniforme. Colocó un círculo en el interior y
otro en el exterior y proclamó que el movimiento
exterior correspondía a la naturaleza de lo mismo y el interior a la de lo
otro. Mientras a la revolución de lo mismo le imprimió un movimiento giratorio
lateral hacia la derecha, a la de lo otro la hizo girar en diagonal hacia la
izquierda y dio un predominio a la revolución de lo mismo y semejante, pues
la dejó única e indivisa (...)”.
“(...) Puesto que el dios la compuso de estos tres elementos: la
naturaleza de lo mismo, la de lo otro y el ser, la dividió proporcionalmente y
después la unió. Cuando, al girar sobre sí misma, toma contacto con algo que
posee una esencia divisible o cuando lo hace con algo que la tiene indivisible,
dice, moviéndose en su totalidad, a qué es, eventualmente, idéntico, de qué
difiere o de qué es relativo y, más precisamente, cómo y de qué manera y cuándo
sucede que un objeto particular es relativo a lo afectado por otro objeto del
mundo del devenir o del de los entes eternos e inmutables. Cuando en el ámbito de lo sensible tiene lugar el razonamiento
verdadero y no contradictorio sobre lo que es diverso o lo que se mueve a sí
mismo, y cuando el círculo de lo otro, en una marcha sin desviaciones, lo
anuncia a toda su alma, entonces se originan opiniones y creencias sólidas y
verdaderas, pero cuando el razonamiento es acerca de lo inteligible y el círculo
de lo mismo con un movimiento suave anuncia su contenido, resultan,
necesariamente, el conocimiento poético y la ciencia (...)”.
“(...)
Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen
generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo
todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno,
intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la
naturaleza del mundo ideal es sempiterna y esta cualidad no se le puede otorgar
completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la
eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en
un punto, una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo(...)".
“(...) “era” y “será” son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta
aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que “era”, “es” y
“será”, pero, según el razonamiento verdadero, sólo le corresponde “es”, y el
“era” y el “será” conviene que sean predicados de la generación que procede en
el tiempo (...)”.
52:
“(...)
Además, hay un tercer género eterno, el
del espacio, que no admite destrucción, que proporciona una sede a todo lo que
posee un origen, captable por un razonamiento bastardo
sin la ayuda de la percepción sensible, creíble con dificultad y, al mirarlo,
soñamos y decimos que necesariamente todo ser está en un lugar y ocupa un
cierto espacio, que lo que no está en algún lugar en la tierra o en el cielo no
existe. Cuando despertamos, al no distinguir claramente a causa de esta
pesadilla todo esto y lo que está relacionado, ni definir la naturaleza
captable solamente en vigilia y que verdaderamente existe, no somos capaces de
decir la verdad: que una imagen tiene que surgir en alguna otra cosa y depender
de una cierta manera de la esencia o no ha de existir en absoluto, puesto que
ni siquiera le pertenece aquello mismo en lo que deviene, sino que esto
continuamente lleva una representación de alguna otra cosa (...)". (referencia
directa a la chôra).
“(...)
Hay ser, espacio y devenir, tres realidades diferenciadas, y esto antes de que
naciera el mundo. La nodriza del devenir
mientras se humedece y quema y admite las formas de tierra y aire y sufre todas
las otras afecciones relacionadas con éstas, adquiere formas múltiples(...)”.
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Editorial Herder, Barcelona.
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